domingo, 31 de marzo de 2013

Me quiero tanto que me daría un chupón!



Siguiendo con  el post de la semana anterior una de las cosas que te pasa cuando tenés esta enfermedad es que estás todo el tiempo torturandote, como azuzandote a vos misma para medir tu (in)capacidad de control y poder decirte "viiiiiste, ya lo sabía, te lo dije, sos una loser”. Entonces (si estás pasando por un periodo de compulsión) vas con amigos a un restaurant; mirás el menu y estás haciendo cálculos internos de las calorías, qué podes comer para que esas calorías rindan más  y todo esto mientras pones cara y actitud de modelo y decís “yo como de todo”. Pero que quede claro, el problema no es engordar. El temor a engordar es el síntoma. La enfermedad es el miedo o la realización de que tu mente te controla y no tenés la fortaleza de controlarte.  Entonces estás comiendo en ese restaurant y obvio te descontrolaste (que en realidad es un sentimiento subjetivo porque por ahí estás comiendo un plato de noquis no una vaca y sus terneros) y estás conversando pero ausente. Tu mente está en su propia conversación con vos misma diciendote que sos un sorete inmundo que no vale nada. Y vos mientras tanto sonreís. Fingís. Mientras las lágrimas hacen cola para escaparse de tus ojos vos seguís con la vida mirando a esa gente mientras pensás que pueden ver todo, que se están riendo de vos, que te tienen pena. No poder controlarte te ha sentir tan poquita cosa,  sentir que no sos digna de nada, ni del amor de los otros. Y querés salir corriendo. Escaparte del mundo y de vos.  Ooooojo, esto es todo a nivel subconsciente. A nivel consciente lo que experimentas es un odio hacia vos muy profundo que te hace sentir indigna y te aliena del mundo. Porque paradójicamente lo que sentís es que tenés un alien adentro de tu mente que le dice a tu mano que se extienda y se lleve cosas a la boca. El escollo más grande sos vos. Tu cabeza. Es como convivir 24/7 con un juez de la Corte Mundial (ni Nacional ni Interamericana) que todo el tiempo te está poniendo a prueba esperando desesperadamente que tropieces. Tu mente está esperando que vos tropieces pq en eso tu enfermedad goza.

Pero cuando, por el contrario, recuperás el control entonces sentís un amor tan profundo por vos misma, te querés tanto por haber vencido una vez más un episodio de compulsion. Eso me pasa hoy. Me quiero tanto, me dan ganas de abrazarme y decirme que ya va a pasar. Que todo va a estar bien.

En lugar de eso escribo.

El lunes que pasó y luego de un ataque descomunal que hizo su pico el domingo empecé una dieta desintoxicante. Frutas y verduras  (ahora agregué legumbres frescas) y nada de alimentos procesados. Yo de por sí soy vegetariana. Antes comía pescado pero ahora hace ya varios meses que los eliminé de mi dieta, por gusto, no por otra cosa. Asi que frutas y verduras a mi me alucinan. Te lo juro. Cuando digo nada procesado digo no pasta, no pan, no arroz, no queso, no leche, no café, no té, no jugos, no yoghurt, nada que haya pasado por una  máquina y haya tenido que ser procesado. Tiré todos los edulcorantes que tenía, tiré el azúcar, los cubitos de caldo, las coca light. Solo cosas que vienen de la tierra. Los primeros dos días fueron difíciles. Pasar de 2 kilos de galletitas y una torta a nada  de carbohidratos y sin café (no me había percatado que tomaba como 5 tazas por día!) me dió unos dolores de cabeza madre y estaba re pachucha. Pero después del tercer díá estuve llena de energía, salgo a correr día por medio, hoy hice 10km que es lo máximo que pude correr después de la lesión y no corrí más para cuidarme no pq no me diera el cuerpo. Maniana tengo mi salida en bici, 130km y te juro por Dios que me da como una excitación de comer las cosas que me preparo. Hoy mientras corría salivaba pensando en mi ensaladaa: garbanzos (no de lata, sino fresco y germinados, sin cocción), tomates cherry, rabanitos, menta, ajo y mucho limón. Te juro de verdad que no tengo antojos ni desesperación por un huevito de pascua o una rosca rellena de crema pastelera. No sé que pasaría si los tuviera enfrente, ahora no los deseo. Y lo mejor de este estado es que me permito respetar mis deseos. Entendés la diferencia tan grosa que es eso? No te quiero decir que nunca más voy a comer chocolate. Pero me encantaría poder prometerme que siempre voy a respetar mis deseos. Sé que eso no es posible pq esta enfermedad es crónica y para toda la vida. Pero celebro mientras dure. 

Hay díás que me odio, quiero saltar del mundo, taparme la cara con la mano para que nadie me vea. Hay otros días como  hoy que quiero que la vida no termine nunca.

3 comentarios:

Cynthia dijo...

Qué bueno Bea, me alegro mucho mucho por vos!

Anónimo dijo...

Te sigo desde siempre, nunca vas a adivinar quien soy, o si???

Vos sì podès Bea.

V dijo...

me hiciste llorar, beso enorme

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