sábado, 13 de abril de 2013

Con y sin casco

Cuando me pongo el casco llamo al pendejo y arreglamos. Viene o voy, garchamos y después le muestro donde está la puerta o la busco yo solita y chau hasta la próxima. Tipo cenicienta, la noche hermosa, romántica y cuidada pero después tasa tasa cada uno a su casa.  Me olvido hasta la próxima.

Si el pendejo no está disponible, me pinto la unias de rojo tomate, dejo el casco en casa y salgo en una ferrari a estrellarme contra la pared del otro pelotudo. Yo decido salir sin casco. A ver, tampoco decido. Llega un día, un momento, un instante, un segundo, donde te mirás al espejo y decís: hoy necesito pretender que alguien me quiere. Cuando llega ese microosegunda ya ni siquiera buscás coger, ya sabés que eso no va a pasar; con un abrazo al encontrarte y al despedirte te alcanza. Pero un abrazo apretado por favor. Viendolo así, que es como es, no sé cuánto hay de elección. De todos modos, cuando llega ese momento dejás el casco en tu casa pq no tenés otra opción. Porque conscientemente preferís estrellarte y volver a casa y tener el casco donde depositar los pedazos.

Para mí, salvando las amistades con el sexo opuesto que de todos modos no van a poder cumplir todos los subsiguientes requisitos, si vos pasás 5 horas hablando con un tipo (mina en su caso) es porque un mínimo de atracción tenés. No me jodas. Y llega una edad (la mía y la de él por ejemplo) donde si pasaste ese parámetro de atracción, encima te divertís, encima te hace pensar, encima no tenés compromiso, encima tenés ganas de que alguien te abrace (y me constan las suyas), encima tomaste unas copas de alcohol, encima llueve, la única pregunta que cabe es porqué no? Evidentemente no es la única. O por ahí, mis premisas son erróneas y entonces todo el postulado es falso.

Solo sé que llegué a casa con mis unias rojas, mi labial intacto, el rimmel corrido con las lágrimas en el colectivo, la autoestima avasallada, las ganas interrumpidas, la soledad desolada. Al menos tenía las sábanas recién cambiadas. Al menos comprendí que esta vez un chocolate no me iba a cambiar nada.

3 comentarios:

Romi dijo...

Ah, no, ¿en serio? Qué mala onda, si estaba todo dado... Uf.

Mind the gap dijo...

Uy pero si hay cada pelotudo dando vueltas. A mi me ha pasado...Obvio te deja la autoestima por suelo...Pero te digo, si el tipo tampoco tiene iniciativa (léase, huevos), no vale la pena, che! Buscá por otros lares!!

Beth dijo...

uhhh! q no decaiga Bea! por alli por alguna razon no pasan las cosas...
pd amo las sabanas recien cambiadas
un abrazo, todo llega...
E

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