Incluso los 40! Cuando sos adolescente y luego te convertís en pendulta (esa mezcla de boluda y adulta que son los 20-30s) es como que los 40 parecen allá lejanos y de seniora mayor, que nunca van a llegar, que eso le pasa a otra gente. Siempre que recuerdo momentos de mi infancia o pre-adolescencia inmediatamente le calculo los anios a mi vieja y cuando caigo en la cuenta de que por ahí tenía entre 35-40 pienso en cómo yo la percibía "grande". En fin, si, los 40 llegan. Es un número importante. No se si me pegó. Pero eso te lo cuento en un par de meses o en un anio. Viste que las cosas cuando pegan no te dejan knock out inmediatamente sino que es un proceso gradual y de repente un día abris la puerta de tu casa, estallás en llanto y recién ahí caés en cómo algo te pegó.
Decir 40 me suena de vieja. No me preguntes pq pero me imagino Susana Gimenez vestida o amatambrada de blanco en su living cuando recién empezaba sus programas allá hace anios luz. Y yo disto galaxias y estrellas fugaces de esa imagen. Estoy a dos vidas de lo que se espera de una mujer a los 40. Por empezar no me siento mujer, no siento la madurez que cuelga de esa palabra. No tengo hijos ni marido ni amante. No estoy en el pináculo (existe esa palabra o me la inventé? pq yo a veces escribo "de oido") de mi carrera, es más te diría que no tengo una carrera. Así que ya empiezo mal cuando trato de hacer un balance, mucho menos un balance de seniora de 40 anios. A falta de eso tengo algunas cosas. Ganas. Ufff me sobran las ganas de hacer cosas y creo que hago muchas. Y me obligo a hacer más cuando menos ganas tengo; soy una hacedora como digo yo. Energía; para dar y regalar. Con los anios me di cuenta que yo soy una persona diurna. Lo mejor de mí sucede entre las 8 de la maniana y las 12 de la noche. Trasnocho si, pero no es mi mejor momento. A veces subestimo mi energía pero luego me doy cuenta que tengo un poco más que la media. Momentos de felicidad. No sólo los tengo sino que los reconozco. Aunque llore y patalee y tengas angustias para pesar por kilo como la plata de Lazaro, tb sé disfrutar de mis alegrias que vienen y van de la mano de las cosas más simples como cortar el mango y que sea dulce a morir! Tengo una pasión: andar en bici y eso le ha dado a mi vida un color y una consistencia sinigual. Buena piel y pocas arrugas y eso también debe ir en este lado del balance. Tengo, y nunca pensé que iba a escribir esto, un amor renovado con mi madre que había perdido en un huracán de reproches y facturas en los últimos 20 anios. Tengo varias hermanas de la vida, las que el diccionario llama amigas y que son mi faro cuando se me viene la noche.
O sea hay una listita en el tengo. No sé si es la listita que quisiera. Es la que tengo, la que hay y me trato de acomodar a ella. A veces me alcanza, muchas veces no, pero cuando no alcanza trato de no ir muy a fondo encontrando explicaciones, dejo que pase el momento hasta que puedo volver a enfocarme en el "tengo".
No sé si llegué como me imaginé que iba a llegar porque de verdad no soy de pensar esas cosas. Nunca pensé como sería mi vida de grande y ahora no pienso como será mi vida de vieja. Creo que yo vivo los días. A veces miro para atrás, pocas. Y en muy pocas ocasiones visualizo el futuro. Soy más del acá y ahora.
Nunca me jodió cumplir anios. Y estuve varios meses pensando cómo quería festejar este número. Queríá algo grande, que recordara por mucho tiempo, que fuera una instantánea de felicidad cada vez que lo reviviera. Pensé y pensé que hacer pero no encontraba ideas. Sólo teníá claro que no quería salir, emborracharme y volver a casa sola pq ese momento de abrir la puerta y encontrar una casa vacía iba a derrumbar toda la alegría de las horas previas. Quería viajar pero con esto del estudio no tenía tiempo para tomarme 4 días. No sabía si juntar todos los amigos, o hacerlo por grupos. Así que como no sabía que quería decidí ir a lo seguro, lo que siempre me hace feliz, lo que nuunca falla y nunca me defrauda: salir con la bici. 40 anios, 300 km en dos días y un finde que voy a recordar por siempre.
Hoy, con 40 y dos días sigo preguntándome que se siente tener 40. Se siente más consciente del paso del tiempo y lo finito que es. Se siente que el "tengo" es super valioso pero el "debe" es significativo con lo cual estoy tratando de descular el saldo. Positivo o negativo? Se siente estar más segura de quien sos. Es re cliché pero es verdad. Par mí la frutilla el postre fue haber reconocido ese grano en el culo de mi personalidad que siempre me jodió y finalmente pude apretar. Ta saliendo pus pero estoy feliz de haberlo encontrado y haber empezado a hacer algo al respecto. Reconiliarme internamente con mi vieja creo que también ha sido parte de ese crecimiento. También se siente (y dale con los cliches) que otra cosa que sabés es lo que no querés así que ese sms no se contesta. A partir de hace dos días esos textos ya no se contestan más. Se siente más urgencia pero también más paciencia, si eso tiene sentido. Se siente menos necesidad de preguntarle al espejo y más de escuchar a tu cuerpo. Se siente más sabiduría. Pero no de la intelectual sino de la emocional.
Los 40 llegaron y están para quedarse. Y como dice el dicho, si no puedes contra ellos únete.
No Tenes Limite
para reir, para llorar, para la melancolia, para juzgar, para hablar, para dudar, para ignorar, para querer, para sentir, para ir y venir y quedarte...si...y que??
lunes, 6 de mayo de 2013
viernes, 3 de mayo de 2013
LPMQLRMP
Pueden creer que acabo de tener que rechazar una invitacion para
tener una noche de sexo desenfrenado justo hoy! Justo hoy a las 22.56 del viernes siendo que a las 0000 del sabado seria mi cumple y esta invitacion importaria
empezar mi cumple re garchando, y les aseguro que cuando el pendejo invita es para la noche entera.
Y yo, con toda la calentura acumulada tuve que estoicamente decir que no! LPMQLRMP. Es que decidi festejar mi cumple con un trip de 300km en bici. 150 maniana y 150 el domingo. Claramente no puedo coger toda la noche y enfiestada llegar a las 7.30am pronta a pedalear 9 horas. Claramente, hay gente que nace con estrella y otra estrellada.
Le dije que me banque hasta el domingo, pero el pendejo es impredecible. Eso si, si sale el domingo seria golazo. Finde en bici, domingo se coge y el lunes a la playa con una amiga (que acá es feriado Y hay sol).
Felices 40 para mi!
sábado, 13 de abril de 2013
Con y sin casco
Cuando me pongo el casco llamo al pendejo y arreglamos. Viene o voy, garchamos y después le muestro donde está la puerta o la busco yo solita y chau hasta la próxima. Tipo cenicienta, la noche hermosa, romántica y cuidada pero después tasa tasa cada uno a su casa. Me olvido hasta la próxima.
Si el pendejo no está disponible, me pinto la unias de rojo tomate, dejo el casco en casa y salgo en una ferrari a estrellarme contra la pared del otro pelotudo. Yo decido salir sin casco. A ver, tampoco decido. Llega un día, un momento, un instante, un segundo, donde te mirás al espejo y decís: hoy necesito pretender que alguien me quiere. Cuando llega ese microosegunda ya ni siquiera buscás coger, ya sabés que eso no va a pasar; con un abrazo al encontrarte y al despedirte te alcanza. Pero un abrazo apretado por favor. Viendolo así, que es como es, no sé cuánto hay de elección. De todos modos, cuando llega ese momento dejás el casco en tu casa pq no tenés otra opción. Porque conscientemente preferís estrellarte y volver a casa y tener el casco donde depositar los pedazos.
Para mí, salvando las amistades con el sexo opuesto que de todos modos no van a poder cumplir todos los subsiguientes requisitos, si vos pasás 5 horas hablando con un tipo (mina en su caso) es porque un mínimo de atracción tenés. No me jodas. Y llega una edad (la mía y la de él por ejemplo) donde si pasaste ese parámetro de atracción, encima te divertís, encima te hace pensar, encima no tenés compromiso, encima tenés ganas de que alguien te abrace (y me constan las suyas), encima tomaste unas copas de alcohol, encima llueve, la única pregunta que cabe es porqué no? Evidentemente no es la única. O por ahí, mis premisas son erróneas y entonces todo el postulado es falso.
Solo sé que llegué a casa con mis unias rojas, mi labial intacto, el rimmel corrido con las lágrimas en el colectivo, la autoestima avasallada, las ganas interrumpidas, la soledad desolada. Al menos tenía las sábanas recién cambiadas. Al menos comprendí que esta vez un chocolate no me iba a cambiar nada.
Si el pendejo no está disponible, me pinto la unias de rojo tomate, dejo el casco en casa y salgo en una ferrari a estrellarme contra la pared del otro pelotudo. Yo decido salir sin casco. A ver, tampoco decido. Llega un día, un momento, un instante, un segundo, donde te mirás al espejo y decís: hoy necesito pretender que alguien me quiere. Cuando llega ese microosegunda ya ni siquiera buscás coger, ya sabés que eso no va a pasar; con un abrazo al encontrarte y al despedirte te alcanza. Pero un abrazo apretado por favor. Viendolo así, que es como es, no sé cuánto hay de elección. De todos modos, cuando llega ese momento dejás el casco en tu casa pq no tenés otra opción. Porque conscientemente preferís estrellarte y volver a casa y tener el casco donde depositar los pedazos.
Para mí, salvando las amistades con el sexo opuesto que de todos modos no van a poder cumplir todos los subsiguientes requisitos, si vos pasás 5 horas hablando con un tipo (mina en su caso) es porque un mínimo de atracción tenés. No me jodas. Y llega una edad (la mía y la de él por ejemplo) donde si pasaste ese parámetro de atracción, encima te divertís, encima te hace pensar, encima no tenés compromiso, encima tenés ganas de que alguien te abrace (y me constan las suyas), encima tomaste unas copas de alcohol, encima llueve, la única pregunta que cabe es porqué no? Evidentemente no es la única. O por ahí, mis premisas son erróneas y entonces todo el postulado es falso.
Solo sé que llegué a casa con mis unias rojas, mi labial intacto, el rimmel corrido con las lágrimas en el colectivo, la autoestima avasallada, las ganas interrumpidas, la soledad desolada. Al menos tenía las sábanas recién cambiadas. Al menos comprendí que esta vez un chocolate no me iba a cambiar nada.
jueves, 11 de abril de 2013
Felicidad
La felicidad son pequeñas cosas. Algunos dicen que es el camino y no el destino. Yo te digo que felicidad es encontrar EL color de esmalte de uñas. Porque como el lapiz de labios nunca nunca das con el color que buscabas. No es que una sea pelotuda, o si. Pero los colores nunca son lo que parecen en el envase. Y es verdad que tenés los tester (de labiales) pero viste que la luz de los negocios es como los espejos de los probadores en las casas de ropa? Engañadores. Eso son. Y entonces salís del negocio y resulta que ese rojo tomate es un lila brilloso pardo que encima te queda horrible. Como el jean que cuando te lo probás en tu casa comprobás que efectivamente te "ensancha" las caderas y te agranda el culo. A parte viste que las perfumeríás o los shops en el aeropuerto que venden cosméticos son intimidantes? Bueno, a mi esas vendedoras todas re maquilladas y mirandote con cara de "necesitás una personal shopper y personal make-up artist ya" a mi me hace huirles más que consultarlas. Pero hoy la rompí. Me compre un esmalte de uñas rojo tomate que es un flash. Es más, te diría que hasta más lindo de lo que lo imaginaba. Más aún, cuando fui a pagar me dijeron que teníá suficientes puntos acumulados como para pagarlo con la tarjeta del negocio. Todavía me dura la felicidad. Espero que continue mañana que invité a chongo a un "catch-up" "que hace mucho que no nos vemos". El tipo un hueso duro de roer. Flashea cada vez que lo llamo pero nunca concreta. Pero estos días una cena con alguien del sexo opuesto y que no sea mi amigo es lo más loco que me pasa. Te juro que tanto estudiar llegó el díá que mi cabeza, mi cuerpo y mi calentura dijeron marcá el primer teléfono de tu agenda. Bueno, el primero fue el pendejo pero justo se va de viaje. El segundo y única otra opción era este, que me re calienta. No sé porque. Me parece que por raro. Y tuvimos una historia mínima que nunca se desarrolló. Pero para cachondear sirve. Anyway, así que me compré el esmalte de uñas y acá estoy. A parte subidísima al caballo. Hace una semana que estoy a full con mi dieta solo líquida de jugos de frutas y verduras. Te lo juro por mi esmalte que no tengo hambre ni antojos. Ahora mañana con el primer sorbo de alcohol sabés donde voy a quedar, no?!
domingo, 31 de marzo de 2013
Me quiero tanto que me daría un chupón!
Siguiendo con el post
de la semana anterior una de las cosas que te pasa cuando tenés esta enfermedad
es que estás todo el tiempo torturandote, como azuzandote a vos misma para
medir tu (in)capacidad de control y poder decirte "viiiiiste, ya lo sabía, te
lo dije, sos una loser”. Entonces (si estás pasando por un periodo de compulsión) vas con amigos a un restaurant; mirás el menu y
estás haciendo cálculos internos de las calorías, qué podes comer para que esas
calorías rindan más y todo esto
mientras pones cara y actitud de modelo y decís “yo como de todo”. Pero que
quede claro, el problema no es engordar. El temor a engordar es el síntoma. La
enfermedad es el miedo o la realización de que tu mente te controla y no tenés
la fortaleza de controlarte. Entonces estás
comiendo en ese restaurant y obvio te descontrolaste (que en realidad es un
sentimiento subjetivo porque por ahí estás comiendo un plato de noquis no una
vaca y sus terneros) y estás conversando pero ausente. Tu mente está en su propia
conversación con vos misma diciendote que sos un sorete inmundo que no vale nada.
Y vos mientras tanto sonreís. Fingís. Mientras las lágrimas hacen cola para
escaparse de tus ojos vos seguís con la vida mirando a esa gente mientras pensás que pueden ver todo, que se están riendo de vos, que te tienen pena. No poder controlarte te ha sentir tan poquita
cosa, sentir que no sos digna de nada, ni del
amor de los otros. Y querés salir corriendo. Escaparte del mundo y de vos. Ooooojo, esto es todo a nivel subconsciente. A nivel
consciente lo que experimentas es un odio hacia vos muy profundo que te hace
sentir indigna y te aliena del mundo. Porque paradójicamente lo que sentís es que tenés un
alien adentro de tu mente que le dice a tu mano que se extienda y se lleve
cosas a la boca. El escollo más grande sos vos. Tu cabeza. Es como convivir
24/7 con un juez de la Corte Mundial (ni Nacional ni Interamericana) que todo
el tiempo te está poniendo a prueba esperando desesperadamente que tropieces. Tu
mente está esperando que vos tropieces pq en eso tu enfermedad goza.
Pero cuando, por el contrario, recuperás el control entonces sentís
un amor tan profundo por vos misma, te querés tanto por haber vencido una vez más un episodio de compulsion. Eso me pasa hoy. Me quiero tanto, me dan
ganas de abrazarme y decirme que ya va a pasar. Que todo va a estar bien.
En lugar de eso escribo.
El lunes que pasó y luego de un ataque descomunal que hizo su
pico el domingo empecé una dieta desintoxicante. Frutas y verduras (ahora agregué legumbres frescas) y nada de
alimentos procesados. Yo de por sí soy vegetariana. Antes comía pescado pero
ahora hace ya varios meses que los eliminé de mi dieta, por gusto, no por otra
cosa. Asi que frutas y verduras a mi me alucinan. Te lo juro. Cuando digo nada procesado
digo no pasta, no pan, no arroz, no queso, no leche, no café, no té, no jugos, no
yoghurt, nada que haya pasado por una
máquina y haya tenido que ser procesado. Tiré todos los edulcorantes que
tenía, tiré el azúcar, los cubitos de caldo, las coca light. Solo cosas que
vienen de la tierra. Los primeros dos días fueron difíciles. Pasar de 2 kilos
de galletitas y una torta a nada de
carbohidratos y sin café (no me había percatado que tomaba como 5 tazas por
día!) me dió unos dolores de cabeza madre y estaba re pachucha. Pero después
del tercer díá estuve llena de energía, salgo a correr día por medio, hoy hice
10km que es lo máximo que pude correr después de la lesión y no corrí más para
cuidarme no pq no me diera el cuerpo. Maniana tengo mi salida en bici, 130km y
te juro por Dios que me da como una excitación de comer las cosas que me preparo.
Hoy mientras corría salivaba pensando en mi ensaladaa: garbanzos (no de lata, sino fresco y
germinados, sin cocción), tomates cherry, rabanitos, menta, ajo y mucho limón.
Te juro de verdad que no tengo antojos ni desesperación por un huevito de
pascua o una rosca rellena de crema pastelera. No sé que pasaría si los tuviera enfrente, ahora
no los deseo. Y lo mejor de este estado es que me permito respetar mis deseos.
Entendés la diferencia tan grosa que es eso? No te quiero decir que nunca más
voy a comer chocolate. Pero me encantaría poder prometerme que siempre voy a
respetar mis deseos. Sé que eso no es posible pq esta enfermedad es crónica y
para toda la vida. Pero celebro mientras dure.
Hay díás que me odio, quiero saltar del mundo, taparme la
cara con la mano para que nadie me vea. Hay otros días como hoy que quiero que la vida no termine nunca.
sábado, 23 de marzo de 2013
La momia en el placard
No sé si alguna vez lo dije acá. Tengo una enfermedad cronica de compulsión con la comida. No es ese ataque que nos da (principlamente a las mujeres) de bajarnos un kilo de helado cuando estamos bajón. No. Es una verdadera compulsión. Una enfermedad. Un kilo de helado seguido de 3 porciones de papas fritas seguido de 4 paquetes de galletitas y despues 2 sandwiches de queso y después lo que sea. Llega un momento en que es lo que sea. He tirado tortas a la basura y las he rescatado. He hecho omelettes a las 3 de la mañana. He subido y bajado de colectivos para que la "misma gente" no me vea comiendo tanto. He desviado mi rumbo para seguir comiendo y pasar por ese lugar que vende esa cosa. He ido a grupos de autoayuda. He leido libros. Me he psicoanalizaso. He llorado. He puteado. Pero la compulsión no me deja. Está metida en mi. La compulsión soy yo.
Ahi está. Saqué un muerto del placard. Una momia te diría. Lo que pasa es que no se nota. Los compulsivos generalmente son gordos u obesos. Pero yo soy bastante normalita. Es que soy tan determinada, tengo tanta tosudez y tanto empeño que siempre me termino saliendo de esos ataques relativamente pronto y vuelvo a comer natural y sano que es como realmente me gusta. Y a parte siempre hago algo de ejercicio. Entonces subo 3 kilos en 2 días pero los bajo en 20 entonces en promedio sigo siempre igual. Fisicamente sigo igual, no se nota. Y si no se te nota cómo lo explicas? No podés. Ni tampoco querés. Asi que lo sufris por dentro, en soledad, con verguenza, con asco, con odio. Vivís en un subibaja de emociones. A veces pasan muchos meses y estoy estable. Pero a veces, algo me saca de mi eje y son meses y meses de ir y venir, de la compulsión entrar en mi vida a hurtadillas, con engaños como un ladrón y yo cachetearla en defensa propia como una leona defendiendo sus críos. Pero de cada batalla siempre me quedan rasguños. Es una enfermedad silenciosa y que te aliena. Porque cuando estás atacada te sentís tan el último sorete del último perro rabioso del mundo que no querés que nadie te vea. Es que pensás que todo se ve, que todos TE ven, que no tenés dónde esconderte de vos.
Con el tiempo, aprendí que lo único que me ayuda a manejarlo es la rutina. Tener una vida rutinaria y estructurada. Comer a las mismas horas, salir a correr o andar en bici al menos 4 veces por semana, cocinar mis comidas, no llegar a la hora de una comida famélica, no privarme de pequeños gustos cuando tengo ganas. Si cualquiera de estas variables falla y le sumo una emoción imprevista (positiva o negativa) entonces mi estrucctura se va al demonio como una casita de naipes. El problema es que después me puede llevar mucho tiempo volver a levantar la casita y los naipes uno a uno. Ese período de caos es lo que dura el ataque de compulsión. Un dia, dos, una semana, un mes. Depende cuan fuerte esté en ese momento. Depende cuánto tarde en darme cuenta. A veces pienso que es solo un desvío. No me percato que hace 15 días que no corro porque estoy lesionada y que me compré comida hecha 2 veces. "Estoy cansada, llegué tarde del trabajo y hace frío". Todos artilugios de la enfermedad para vencer y romper mi rutina, penetrar mi defensa y quebrar mi blindaje. Por eso para mi la rutina es tan importante. La rutina y la estructura son las que me mantienen más o menos cuerda. Así como hay pastillitas antidepresivas para mi el ejercicio es mi pastillita y sé que la tengo que tomar todos los dias. Y asi como la pastillita no se mezcla con alcohol el ejercicio no se mezcla con galletitas de manteca y chocolate. El efecto es el mismo que mezclar pastillita y alcohol: un big ban de emociones y efectos secundarios. Pero no aprendo. Y asi como la pastillita no se deja de tomar el ejercicio tampoco. Pero es verdad, estuve lesionada, no pude correr, no puedo salir en la bici porque nieva y llueve y eso fue el terreno fértil para mi enfermedad. Como el invierno que tiene todos los condimentos para la reproducción del virus de la gripe. Y me enfermé. No ejercicio + estres en el trabajo = depresión = compulsión.
Decí que yo doy pelea y no me dejo vencer fácil. Decí que volví a correr y decí que me obligo y me cacheteo y no me dejo hundir. Pero en el proceso estoy sufriendo como un caballo.
Ahi está. Saqué un muerto del placard. Una momia te diría. Lo que pasa es que no se nota. Los compulsivos generalmente son gordos u obesos. Pero yo soy bastante normalita. Es que soy tan determinada, tengo tanta tosudez y tanto empeño que siempre me termino saliendo de esos ataques relativamente pronto y vuelvo a comer natural y sano que es como realmente me gusta. Y a parte siempre hago algo de ejercicio. Entonces subo 3 kilos en 2 días pero los bajo en 20 entonces en promedio sigo siempre igual. Fisicamente sigo igual, no se nota. Y si no se te nota cómo lo explicas? No podés. Ni tampoco querés. Asi que lo sufris por dentro, en soledad, con verguenza, con asco, con odio. Vivís en un subibaja de emociones. A veces pasan muchos meses y estoy estable. Pero a veces, algo me saca de mi eje y son meses y meses de ir y venir, de la compulsión entrar en mi vida a hurtadillas, con engaños como un ladrón y yo cachetearla en defensa propia como una leona defendiendo sus críos. Pero de cada batalla siempre me quedan rasguños. Es una enfermedad silenciosa y que te aliena. Porque cuando estás atacada te sentís tan el último sorete del último perro rabioso del mundo que no querés que nadie te vea. Es que pensás que todo se ve, que todos TE ven, que no tenés dónde esconderte de vos.
Con el tiempo, aprendí que lo único que me ayuda a manejarlo es la rutina. Tener una vida rutinaria y estructurada. Comer a las mismas horas, salir a correr o andar en bici al menos 4 veces por semana, cocinar mis comidas, no llegar a la hora de una comida famélica, no privarme de pequeños gustos cuando tengo ganas. Si cualquiera de estas variables falla y le sumo una emoción imprevista (positiva o negativa) entonces mi estrucctura se va al demonio como una casita de naipes. El problema es que después me puede llevar mucho tiempo volver a levantar la casita y los naipes uno a uno. Ese período de caos es lo que dura el ataque de compulsión. Un dia, dos, una semana, un mes. Depende cuan fuerte esté en ese momento. Depende cuánto tarde en darme cuenta. A veces pienso que es solo un desvío. No me percato que hace 15 días que no corro porque estoy lesionada y que me compré comida hecha 2 veces. "Estoy cansada, llegué tarde del trabajo y hace frío". Todos artilugios de la enfermedad para vencer y romper mi rutina, penetrar mi defensa y quebrar mi blindaje. Por eso para mi la rutina es tan importante. La rutina y la estructura son las que me mantienen más o menos cuerda. Así como hay pastillitas antidepresivas para mi el ejercicio es mi pastillita y sé que la tengo que tomar todos los dias. Y asi como la pastillita no se mezcla con alcohol el ejercicio no se mezcla con galletitas de manteca y chocolate. El efecto es el mismo que mezclar pastillita y alcohol: un big ban de emociones y efectos secundarios. Pero no aprendo. Y asi como la pastillita no se deja de tomar el ejercicio tampoco. Pero es verdad, estuve lesionada, no pude correr, no puedo salir en la bici porque nieva y llueve y eso fue el terreno fértil para mi enfermedad. Como el invierno que tiene todos los condimentos para la reproducción del virus de la gripe. Y me enfermé. No ejercicio + estres en el trabajo = depresión = compulsión.
Decí que yo doy pelea y no me dejo vencer fácil. Decí que volví a correr y decí que me obligo y me cacheteo y no me dejo hundir. Pero en el proceso estoy sufriendo como un caballo.
domingo, 24 de febrero de 2013
Domingo a esta hora
Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre la angustia dominguera. Yo debo decir que a mi el domingo en sí y por sí no me genera necesariamente angustia. A parte, en mi vida normal (lease cuando no estoy subyudaga al estudio) el domingo es el día que salgo a andar en bici o estoy recuperandome de una bicicleteada del sabado (y a veces, las menos, recuperandome o continuando una noche de traca traca con algún lover ocasional) con lo cual estoy cansada y disfrutando del ocio.
Pero una cosa es el domingo y otra el domingo a las 6 de la tarde como acontece en este momento. A esta hora del domingo (hora más hora menos) me agarra una angustia específica. Una sensación de pérdida, de añoranza, que como toda pérdida me cuesta horrores manejar y me lleva mucho tiempo (en este caso la proporcionalidad indica hasta el lunes a la mañana). Es el fin no solo del fin de semana, sino de mi libre albedrío y elecciones (vamos, que me gusta ir a trabajar pero tampoco amonta a libre albedrio como sucede con cada vivencia de mi fin de semana); es el fin de encontrarme y desencontrarme conmigo a mi tiempo y en mi lugar; es el fin de mi espacio con todo lo que recelo mi espacio (porque allí es donde me permito llorar y reir sin sometimiento alguno); es el fin de mi yo más íntimo porque nosotros no somos los mismos en nuestro entorno y en nuestras circunstancias. El fin del fin de semana es un fin que sabemos es seguido de algo menos placentero, y esto dicho no solo por el comienzo del trabajo, que en mi caso es placentero, pero por el comienzo de obligaciones, ansiedades, necesidades, caretas, rutinas, corridas, kilombos para ser más precisos. El fin de la semana también es un fin pero que precede un momento de alegria, aun cuando sepamos que va a ser un fin de semana triste (es contradictorio??) y por eso raramente el fin de la semana conlleve la misma sensación de pérdida que el domingo.
Uno de mis grandes defectos es la inhabilidad para manejar las pérdidas, afectivas y materiales (cuando conllevan afecto). Por eso, el fin del fin de semana que yo vivo como una pérdida, me duele inmensamente. Curiosamente, recién hoy pude poner esta angustia en palabras.
Pero una cosa es el domingo y otra el domingo a las 6 de la tarde como acontece en este momento. A esta hora del domingo (hora más hora menos) me agarra una angustia específica. Una sensación de pérdida, de añoranza, que como toda pérdida me cuesta horrores manejar y me lleva mucho tiempo (en este caso la proporcionalidad indica hasta el lunes a la mañana). Es el fin no solo del fin de semana, sino de mi libre albedrío y elecciones (vamos, que me gusta ir a trabajar pero tampoco amonta a libre albedrio como sucede con cada vivencia de mi fin de semana); es el fin de encontrarme y desencontrarme conmigo a mi tiempo y en mi lugar; es el fin de mi espacio con todo lo que recelo mi espacio (porque allí es donde me permito llorar y reir sin sometimiento alguno); es el fin de mi yo más íntimo porque nosotros no somos los mismos en nuestro entorno y en nuestras circunstancias. El fin del fin de semana es un fin que sabemos es seguido de algo menos placentero, y esto dicho no solo por el comienzo del trabajo, que en mi caso es placentero, pero por el comienzo de obligaciones, ansiedades, necesidades, caretas, rutinas, corridas, kilombos para ser más precisos. El fin de la semana también es un fin pero que precede un momento de alegria, aun cuando sepamos que va a ser un fin de semana triste (es contradictorio??) y por eso raramente el fin de la semana conlleve la misma sensación de pérdida que el domingo.
Uno de mis grandes defectos es la inhabilidad para manejar las pérdidas, afectivas y materiales (cuando conllevan afecto). Por eso, el fin del fin de semana que yo vivo como una pérdida, me duele inmensamente. Curiosamente, recién hoy pude poner esta angustia en palabras.
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